Desde mi rol docente y tomando como base mis experiencias profesional y personal dentro del campo educativo, inicio este trabajo redimiendo las palabras del Director de la UNESCO cuando expresa: “La educación es la “fuerza del futuro”, porque ella constituye uno de los instrumentos más poderosos para realizar el cambio. Uno de los desafíos más difíciles será el de modificar nuestro pensamiento de manera que enfrente la complejidad creciente, la rapidez de los cambios y lo imprevisible que caracteriza nuestro mundo. Debemos reconsiderar la organización del conocimiento. Debemos reformular nuestras políticas y programas educativos. Es necesario mantener la mirada fija hacia el mundo de las generaciones futuras frente a las cuales tenemos una enorme responsabilidad”
Desde mis ideales me atrevo a afirmar que todo lo expresado por esta autoridad, son palabras ciertas. La sociedad toda debe reflexionar y aceptar que la educación es el motor de cambio y progreso personal y social.
La educación actual, está siendo avasallada por las nuevas demandas sociales, a ésta se le exige por medio del docente no sólo la tarea de transmitir conocimientos como lo hacía años atrás o que se convierta en un mediador de los aprendizajes de los estudiantes, sino que además debe ocuparse de las tareas que les corresponden a otras instituciones sociales. A esto se suma, la implantación en la sociedad de las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación, que está produciendo cambios insospechados en la estructura social, económica, laboral, jurídica y política. Esta cultura informática requiere un cuidadoso análisis de causas y efectos, así como la elaboración de estrategias y políticas para su asimilación escalonada. Por lo tanto, se le reclama a la educación una apresurada readaptación a las nuevas exigencias sociales.
La implementación de la nueva Ley Federal de Educación posibilitó el uso de nuevos conceptos como: Estrategias, líneas de acción, adaptación curricular, evaluación como proceso, entre otros. Pero ésto no vasta, porque las necesidades reales son más complejas y aquí, retomo nuevamente las ideas del Director cuando manifiesta; Se necesita modificar nuestro pensamiento y desde allí reformular las políticas educativas que posibiliten la incorporación de los siete saberes que la educación del futuro debería tratar desde el marco ideológico de Morín Edgar, es decir que la educación debe dedicarse a:
· Hacer conocer lo que es conocer.
· Promover un conocimiento capaz de abordar problemas globales y fundamentales.
· Permitir aprender lo que significa ser humano.
· Posibilitar el conocimiento y el reconocimiento de la identidad del hombre.
· Enseñar estrategias que nos permitan aprender a desplazarnos dentro de las incertidumbres.
· Educar para la comprensión.
· Contribuir a una toma de conciencia de nuestra Tierra_Patria y que esta conciencia posibilite la voluntad de realizar la ciudadanía.
Tal vez hoy resulta utópico pensar en una educación para el futuro, como lo describe Morín, ya que es para el Estado cuestión primera, resolver los problemas económicos, políticos e ideológicos, y se le otorga a la educación muy poca importancia.
En esta evolución de la sociedad en todos sus aspectos, debemos replantearnos el actual papel de la educación en su sentido más amplio. Debemos cambiar nuestra forma de pensar y ver el mundo de hoy con todas sus necesidades y complejidades y buscar la manera de construir un “futuro viable” y la educación es el instrumento más poderoso para lograrlo.
LEDESMA, Sonia Elisabeth.